Al día siguiente nos tomamos un Branch en un Diner de South Orange: huevos, bacon, salchichas, zumos, pancakes, french toast...Nos pusimos las botas de comer y al acabar todAs prometíamos que no comeríamos más en todo el día, promesa que evidentemente se incumplió.
Para intentar bajar esa dosis de calorías, y a propuesta de Marta, las niñas y Paloma pintaron los columpios del jardín, mientras yo hacía de "abuela" con los mellizos. No hace falta que os diga como disfruté con los peques. Son guapos, divinos, cariñosos y están en una edad para achucharlos y asombrarse por cada nueva cosa que aprenden o descubren.
El domingo atravesamos tres estados en dos horas para llegar a nuestro nuevo destino. Desde New Jersey, pasando por New York, llegamos a Darien, Conneticut, a casa de Rosemary. Alli nos esperaba una fiesta española para celebrar el santo de Fernando. Por la mañana estuvimos en la playa. Rosemary se llevó una nevera con cervezas frescas. Beber alcohol en esos lugares públicos está prohibido (Carola lo explica muy bien en su blog "Correrías neoyorkinas"), pero si Rosemary, que era la única americana del grupo, y su marido, abogado en Manhattan, aprobaban semejante ilegalidad, ¿quién era yo para romper ese momento tan excitante? Justo cuando me dio a mi una cerveza sonó un silbato. Yo pegué un repullo y Rosemary se quedó paralizada. Por unos segundos me imaginé a un poli tipo armario detrás de mí dispuesto a detenerme, casi podía sentir su aliento en mi nuca. Qué de películas he visto, ¿verdad? El sonido de silbato provenía de una vigilante de la playa llamando la atención a unos chiquillos. "¡Qué paranoicos estamos en este país, pero es que tenemos motivos para tanta paranoia!", dijo Rosemary mientras sacaba otra cerveza para ella. Allí pasamos la mañana hasta que se acabaron las cervezas y el calor se hizo insoportable. Solo Gabi, una gallega abogada compañera de despacho de Fernando, consiguió meterse en el gélido mar del Atlántico. Luego disfrutamos del buen tiempo con una barbacoa en el jardín.
De vuelta a Hoboken por la noche nos encontramos justo al lado de Port Authority unas pinturas sobre cada uno de los equipos nacionales que participan en el Mundial de Sudáfrica 2010. El que más nos gustó fue el de España. Por supuesto haciendo patria, como todos los que están lejos de su tierra.
El lunes nos levantamos tarde y nos fuimos con Marayca a ver el Quixote, una versión libre del American Ballet Theater en el Lincoln Center. La puesta en escena nos pareció preciosa y nos trasladó a nuestra España querida. Las castañuelas que sonaban en la orquesta parecía música celestial. Nos encantó, pero Eli y yo nos fijamos en un detalle: El primer acto se llamaba "Sevilla" y se supone que la escena estaba ambientada en esa ciudad. Sin embargo, el fondo del decorado era un mar con un faro, que me recordaba bastante más a Cádiz. Pero salvando ese detalle, el espectáculo fue estupendo y la bailarina principal levantó al público de sus asientos en más de una ocasión.Acabamos en el "Maru", un restaurante japonés en Hoboken muy bueno, donde comimos aedemames, pancakes japoneses, pollo teriyaki y un sushi riquísimo.
¡Cómo estoy disfrutando de compartir todo esto con mis hijas!


Qué fin de semana más intenso y que post más intenso! Pero mira que beber en la playa sin ni siquiera cubrir la botella con una bolsita marrón...
ResponderEliminarBesos
¡ que fin de semana más divertidísimo e intenso¡ y que de experiencias os vais a traer pacá, suena inolvidable.
ResponderEliminarBESOS, SANDRINE
Vaya festival!!!!!!!Tened cuidado!!!!!!!!!!!En algunas compañías aereas se paga el asiento doble, jeje............Un beso
ResponderEliminar¡Vaya actividad! Ahora lo leo yo desde el sofá.
ResponderEliminarK-CHO